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Por la III República

EL 14 de abril de 1931, España tuvo una oportunidad, y lossciudadanos y ciudadanas la aprovecharon. Pese a la brevedad de su existencia, la II República impulsó en múltiples campos de la vida pública una labor prolífica, que impresionó al mundo y situó a nuestro país en la vanguardia social y cultural europea. Entre sus éxitos, bastaría citar la reforma agraria, los avances en materia legislativa de toda índole, el sufragio femenino, la separación efectiva de poderes, las constantes iniciativas destinadas a difundir la cultura hasta en las comarcas más remotas, el decidido impulso de la investigación científica o el florecimiento ejemplar no sólo de la educación, sino también de la asistencia sanitaria pública, para demostrar que aquel bello propósito generó bellísimas realidades, que habrían sido capaces de cambiar la vida de un pueblo condenado a la pobreza, la sumisión y la ignorancia por los mismos poderes -los grandes propietarios, la facción más reaccionaria del Ejército y la jerarquía de la Iglesia Católica- que se apresuraron a mutilarlo de toda esperanza.

 
Hoy, setenta y nueve años después no queremos seguir lamentando la triste brutalidad de aquel retroceso, sino celebrar la emocionante calidad de los logros que le precedieron, y agradecer la ambición, el coraje, el talento y la entrega de una generación de españoles que creyó en nosotros al creer en el futuro de su país. Reivindicar su memoria es creer en nuestro propio futuro, en la III República que será proporcionalmente mejor, más libre, más justo, más feliz, en la medida en que seamos capaces de estar a la altura de la tradición republicana que hemos heredado.
 
"Un pueblo tiene siempre el derecho a revisar, reformar y cambiar su constitución. Una generación no puede imponer sus leyes a las generaciones futuras" (Art. 28 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano de 1793).

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