Miguel Hernández
28 de marzo de 2010.
“Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra”; nos canta Pablo Neruda.
Muerto con 31 años, en esas cárceles del horror. Abandonado a su muerte por el Dictador, Miguel Hernández moría el 28 de marzo de 1942 en la cárcel de Alicante.
En estos momentos, en que tras 70 años todavía no es posible hacer justicia a todos los grandes hombres que perdieron su vida, vilmente asesinados, por la defensa de la democracia frente al fascismo, el recuerdo de Miguel nos hace grandes.
El poeta nos decía:
“Retoñaran aladas de savia sin otoño
Reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
Porque aún tengo la vida.”
Cuanto perdimos en la larga noche de la Dictadura. Cuanta cultura, cuantos hombres, cuanta vida destruida.
Cuanta vergüenza que esta coja democracia de los herederos de la Dictadura no nos deje ni tan siquiera desenterrar a nuestros muertos.
Miguel, como escribiste en “El rayo que no cesa”:
“Yo quiero ser llorando el hortelano
De la tierra que ocupas y estercolas,
Compañero del alma, tan temprano.”






